lunes

Rodrigo

Quiero desafiarme. ¿Quién me lo impide? 

Una mirada, una miradita... Movés tu cuerpo de un lado al otro, y una miradita hacia el suelo... Las luces del bailongo te encandilan, te arrinconan... ¡Si pudiera capturar tu inocencia, tu timidez de nueve años, y agitarla en un frasquito cuando otros me hablen de vanguardia...! No, esos ojitos perderían belleza, serían otra bagatela más en el mercado.
Nunca vi bailar así a nadie. ¡Yo, que pensaba que era el mejor! He perdido tu frescura, perdí tu niñez. Porque para bailar hay que ser un poco niños. Jugar con el cuerpo, y tener (¿miedo?¿cuidado?¿inconciencia?) de él, de lo desconocido que lo habita, de los juicios que lo empujan. Perdí tu niñez. Y tu valentía: ya no me la juego como vos. Veo sonrojarse tus pupilas, y sin embargo preferís bailar, pertenecer... ¡no nos dejes perturbarte! Por favor, no sigas mamarrachos modélicos, erigidos sobre la carne podrida de rutina porteña, sobre retórica pelotuda y contundente. Seguí bailando, en tu modo.
Presencio tu primera danza, y tu adolecer. Sonreís tímidamente cuando mi hermano se acerca a darte la mano, a bailar con vos. Estás más suelto ahora. «Baila bien, eh!» dicen.
Pero para mi, vos sos EL MEJOR.

Mi pretendida, infinita corrección.

2 comentarios:

  1. "Por favor, no sigas mamarrachos modélicos, erigidos sobre la carne podrida de rutina porteña, sobre retórica pelotuda y contundente. Seguí bailando, en tu modo."

    Pero que groso!
    Te sigo leyendo Lu! (Definitivamente esto esta mucho mejor que esas revistas de blogs que nos mostras! jaja)

    ResponderEliminar
  2. poosta esta geenial este!! me encanta!! muuuy bueno :)

    ResponderEliminar