domingo

Ies



Te regalo el cariz de la luna que esta noche, invisible, penetra la necedad.
Sólo así en un próximo anochecer admirarás su incandescencia.
Y beso tu contorno desdibujado en el recuerdo, para que jamás se confunda en el oleaje de las horas.
Y te extraño en el aroma de la lluvia, sintiéndome exiliado de un país nunca mío.
Y no te hablo, porque en cada palabra dicha pondría todos los soles de mi vida.
Y no te lloro, por temer opacar las aguas en las que mis pisadas se asientan.
Y sólo espero, mil instantes por un anhelo,
para que el hado que hoy nos aleja algún mañana se apiade de mis heridas.-




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