domingo

Adelante... atrás. Adelante... atrás.

Es un trozo de tierra cónico que me eleva... Voy columpiando en sus estribos,
un gran hilo de saliva o agua subterránea que nace y muere allí mismo, en el barro...

¿Cómo se verán mis espacios desde acá arriba?
Me gustaría ver mis besos...
¿tendré que subir todavía más para verlos allí abajo?

Voy en ascenso.
Las nubes no mojan.
Sólo mis manos en las cuerdas acuosas.
Toda vez que mis piernas bailen, ese cono subirá.

Adelante... atrás. Adelante... atrás.

¿Y qué pasa si la soga se suelta, si mi llanto no sigue alimentándola?
¿Y si mi pedazo de mundo no aguanta el peso?
¿Se derrumba el jardín volátil en ínfimos grumos de savia y humus?

Adelante... atrás. Adelante... atrás.

¿Qué habrá en la cara superior de mi tierra?
¿Algún condenado árbol con las hojas marchitas? ¿Una casita en el árbol colmada de secretos infantiles?
¿Habrá algún perrito flaco? Hambriento, sí, que nadie le da comidita.
Que estoy métale que dale columpiándome allá abajo, acá arriba.

¿Habrá un poco de césped, al menos?
Si tengo un jardín, quiero un rocío de pasto sobre él para recostarme...

¡Pero estoy seguro que tiene pasto!
Regado con estas amarras de lágrimas, o saliva, o agua subterránea.

Si la tierrita se riega, pero de ella no nace ni una hoja, es una tierra podrida, no sirve.
Tal vez demasiado defecada por las lombrices, o demasiado regada de llanto...
Adelante... atrás. Adelante... atrás.

Adelante... atrás.

Adelante,

¿Y si no hay una cara superior?
¿Si allí hay una gran grieta abriéndose poco a poco con mis tirones hasta
que todo se parta a la mitad y me aplaste en el cielo? ¿Y si en mi cara superior hay otra cara inferior columpiada por otro niño que quiere bajar?

Y se hamaca a mi mismo tiempo, queriendo alcanzar la tierra que dejo, su otro cielo...

Adelante, atrás...

Adelante, atrás...

Adelante...

¡Necesito verte!