lunes

Heme aquí, nocturno,
empuñando mi sangre
para escribir un verso nuevo.
Siendo siempre heraldo
en cuestiones vacuas.
Siendo siempre fuego
en el ardor del invierno.
Decirte no quiero nada,
nada que desee que entiendas.

Vuelan, imperecederas, las formas oníricas
que al cause no abrazan, ni llegan
al vértice redentor para las que han sido creadas,
mientras trepo peldaños submarinos,
atisbando la escena tardía
que mis fantasmas abandonan precipitados.
Líquidos años: los habité, sumergido.
Cálidas sombras en las que me refugié.
Trepo peldaños mohosos,
y no hay razón para mirar aquello:
el miedo al emerger de mi cuerpo,
el gusto por las profundidades lodosas.

Avanzo, con el iris fijo en el alma.
Aún quedan firmamentos vírgenes
por conquistar mis pisadas.
Todavía oasis cristalinos
en la sequía de mis cimientos.
Sos pasado, tempestad;
mi velero encalló.
Porque es la fuerza quien grita más
que los destrozos en derredor.
Porque es fuerza quien dice más;
desde la profunda sima aulla:
«¡Efatá! ¡Efatá!
¡Crece hierba en la oscuridad!
¡Alborea un cenit más pleno!
¡Efatá! Efatá!»

Andy