miércoles

Y no recuerdo a qué sabe el oboe,
ni qué tonos tenía mi piel cuando la humedecías.

Tengo aquí delante un infinito de ausencias
detrás mío, hacia el fin.
Ni recuerdo a qué dioses me ofrecía
al leerte las yemas distantes.


No hay comentarios:

Publicar un comentario