miércoles

The rocks

¿No te das cuenta? La ciudad se destruye cuando nos miramos. Se derrumba el tiempo sobre sus alfileres, arrastrando los matices que solíamos respirar. La ciudad se destruye, se corroe como el reflejo del mar que la espuma invade. ¡Y qué felicidad nos asalta al caminar sobre sus ruinas! Escombros que más tarde serán arena. Escombros que lentamente el río o el mar va a curvar. ¡Las ruinas! ¡Las ruinas de una ciudad! ¡Una ciudad hecha arena! Sin relojes, sin fastidio. Todo eso pasa cuando te miro.

Y me importan tres carajos los edificios cayéndose, los colores haciéndose migajas a nuestro alrededor. Ni sus cadencias
Oh, sinner men, where you gonna run to?

Well,
We run over the city rocks. We can´t hide it.

Claro, tu mirada es un recorrido, tu mirada es un texto. Camino sobre las palabras refractadas por tu retina como por sobre el libro más esencial, infinito. Y me doy cuenta: reinventamos la ciudad al derrumbarla, al caminar sobre sus briznas. Y me doy cuenta: me encontraste elefantiásico, hundido y torpe. Contaminado con besos en sepia. Ocupando demasiado espacio para dos, con las yemas de mis dedos apretando las viejas miradas. Esas que saturaban los olores. Miradas homicidas constructoras de rascacielos que empezaban con mayúscula. Me encontraste cuando me creía un sombrero, hasta que pude entender tu idea, el trébol que me diste. La boa terminó de digerir a ese elefante aplanador de estómagos. La serpiente dejó de enfermarse con su veneno. Tus manos fueron antídoto, tus besos libertad.

But the rocks cried out: we can´t hide you, guys!
And the river was bleeding.
And the sea was boiling.


But we run over the city rocks.



miércoles

Cadáver exquisito

El Presente inabarcable abre sus fauces para engullirme, como una húmeda serpiente que devora mis entrañas. Ese presente de sueño clitemnestrino que deviene futuro virtual para el alma.
Tengo muchas soluciones posibles, pero ninguna imposible. Es el mundo intertextual que no logro aprehender en el utópico afán de sabiduría.

***

Lo que importa es esto: hueco. Mundo solo. Desembocadura.

Analizando profundamente todo esto, comprendo que aún tengo que perdonarte.

Y ahora, conmovidos, llamamos a las puertas del presente y del porvenir.

La cabrita mocha soporta encima al macho maloliente.

-No soy una occiputa sádica de tres por cinco- dijo A.

Yo no entiendo esto. En esta habitación hay, ciertamente, algunas personas, por aquí y por allá.

Vemos que un autor y un libro no son forzosamente los felices resultados de un tiempo en calma.

Por cierto, sí sería. Que me da todo lo que he menester; tiéneme honrrada, favoréceme, y trátame como si fuesse su señora.

El éxito de la Vida de un poeta argentino sobrepasó todo lo que habían podido imaginar el autor y los editores.

Fue allí cuando por primera vez descubrí en mí una desagradable capacidad de enojarme y, sobre todo, de gritarle a la gente sin tener razón.

Contestando a su vez dijo Ulises, el rico de ingenios:

-¡Dios te maldiga, quienquiera que seas!- dijo agriamente- ¡Estás más ciego que yo, hijo de puta!

En segundo lugar, el sistema nunca es más que momentáneo: varía de posición a posición.

¿O podremos invocarlos con gritos gimientes y reanimarlo aún con la voz argentina?

Ella dijo: ...¡la gratitud por tus beneficios ocupa en nuestro corazón un sitio de honor!

En el decente rancho, la madre de Funes me recibió.

AUTOR: Vas a morir en el pasillo central. Ahí.

***

REPARTO
(en orden de aparición)

Federico García Lorca
Oscar Wilde
Fredrich Nietzsche
Conde de Lautreamont
Ovidio, que siempre está en todo.
Alejandra Pizarnik o Silvina Ocampo 
Franz Kafka, superpuesto, quizás.
Madame Bovary
Pedro Salinas (que pasa desnudo por el fondo)
Julio Cortázar
Fernando de Rojas
Georges Bataille... puede ser. 
Fedor Dostoievski
¡Fogwill amado!
Homero
James Joyce, rico de ingenios
Ferdinand de Saussure y su sapito
Miguel Briante sobre una hamaca, imagen digna de Pulse.
Charles Baudelaire
Leonardo Funes, el memorioso.
Scheherazada
Jorge Luis Borges
Copi
y Picasso, que pintaba con la chota.

***

Wilde dixit

Por eso te amo: porque sos tan inútil como yo.
Y no recuerdo a qué sabe el oboe,
ni qué tonos tenía mi piel cuando la humedecías.

Tengo aquí delante un infinito de ausencias
detrás mío, hacia el fin.
Ni recuerdo a qué dioses me ofrecía
al leerte las yemas distantes.


lunes

Torres Parcialans

      «Un monólogo siempre es un diálogo. Siempre se habla con alguien, aunque sea consigo mismo que, en ese momento, es otro. Por eso nadie puede ser, de verdad, ateo. Siempre hay un otro. La prueba: la soledad no tiene verbo, no se declina.
      La felicidad no es la resignación como quieren tantos moralistas. Nadie se resigna. La "signación" en todo caso. Signarse ante toda cosa, y darse cuenta de que la soledad –la de uno con uno mismo– es un gran bien.
       Nada me repugna más que los que quieren ser "algo" o "alguien". Ilusos que viven chupando la saliva de los demás.
      Aceptar que uno es un mediocre cuesta mucha sangre, mucha mala sangre; hasta echarla afuera. Duele. Pero ¿por qué ha de ser inferior un mediocre a uno que no lo sea? [...] Los imbéciles no son los que lo son, sino los millones que creen que no lo son.»