viernes

Proust

Repaso el pasado porque soy un insomne
y la memoria es una forma del insomnio
un modo de conciencia de la muerte
un juego monstruoso de pliegues y dobles
un vértigo en el espejo del tiempo.

Me escucho la voz hoy imposible 
evoco las palabras que no volvería a decir
y me dejo llevar por el pudor de lo antiguo
de lo que fui y de su rémora
de lo que no soy actor.

Y descubro la encrucijada de ser hoy
más adulto aunque igual de actual
siendo el agente y el objeto de la misma observación
de un otro yo espejismo de los años.

Y descubro

que la coherencia es un absurdo
    una necesidad ética
    un compromiso caduco

que tiempo es un eufemismo
    de aquel muladar de escamas
    que se me han ido desprendiendo

que nadie es menos uno
    que lo que uno fue.

miércoles

The Rocks


But the rocks cried out: I can’t hide you!
And the river was bleeding.
And the sea was boiling.
Nina Simone


La ciudad se destruye cuando nos miramos.
Se derrumba el tiempo sobre sus alfileres,
arrastrando los matices que solíamos respirar.

La ciudad se corroe
como el reflejo del mar que la espuma invade.
¡Qué felicidad nos asalta al caminar sobre sus ruinas!

Sobre los escombros que más tarde serán arena.
Escombros que lentamente el río o el mar van a curvar.
¡Las ruinas de una ciudad! ¡Una ciudad hecha arena!

Todo esto pasa cuando te miro.

Que los edificios se desmoronen
y que los colores a nuestro alrededor
se desintegren como migajas.

Claro, tu mirada es un recorrido, es un texto.
Camino sobre las palabras refractadas
por tu retina.

Y me doy cuenta:
reinventamos la ciudad al derrumbarla,
al caminar sobre sus briznas.

Y me doy cuenta: me encontraste
elefantiásico, hundido, torpe.
Contaminado con besos en sepia.

Ocupando demasiado espacio para dos,
con las yemas de mis dedos
apretando las viejas miradas.

Miradas homicidas
constructoras de rascacielos
que empezaban con mayúscula.

Me encontraste cuando me creía un sombrero,
hasta que pude entender tu idea,
el trébol que me diste.

Y así la boa terminó de digerir
a ese elefante aplanador de estómagos,
y la serpiente dejó de enfermarse con su propio veneno.

Tus manos fueron el antídoto;
tus besos, libertad.
¡Las ruinas de una ciudad! 



miércoles

Wilde dixit

Por eso te amo: porque sos tan inútil como yo.
Y no recuerdo a qué sabe el oboe,
ni qué tonos tenía mi piel cuando la humedecías.

Tengo aquí delante un infinito de ausencias
detrás mío, hacia el fin.
Ni recuerdo a qué dioses me ofrecía
al leerte las yemas distantes.


lunes

Torres Campalans

      «Un monólogo siempre es un diálogo. Siempre se habla con alguien, aunque sea consigo mismo que, en ese momento, es otro. Por eso nadie puede ser, de verdad, ateo. Siempre hay un otro. La prueba: la soledad no tiene verbo, no se declina.
      La felicidad no es la resignación como quieren tantos moralistas. Nadie se resigna. La "signación" en todo caso. Signarse ante toda cosa, y darse cuenta de que la soledad –la de uno con uno mismo– es un gran bien.
       Nada me repugna más que los que quieren ser "algo" o "alguien". Ilusos que viven chupando la saliva de los demás.
      Aceptar que uno es un mediocre cuesta mucha sangre, mucha mala sangre; hasta echarla afuera. Duele. Pero ¿por qué ha de ser inferior un mediocre a uno que no lo sea? [...] Los imbéciles no son los que lo son, sino los millones que creen que no lo son.»